La Escuela de Mapeo de Laderas de Medellín (2023–2025), liderada por el Centro de Estudios con Poblaciones Movilizaciones y Territorios -POMOTE de la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) en alianza con el Equipo Humanitario de OpenStreetMap para América Latina y el Caribe- HOT, consolidó un proceso pionero de cartografía participativa en barrios históricamente marginados de la ciudad de Medellín. A través de recorridos comunitarios, ciclos de formación con organizaciones comunitarias y el uso de herramientas abiertas se produjeron mapas que fortalecieron la memoria colectiva, la identidad y la capacidad de incidencia política de las comunidades de ladera. El proyecto evidenció que la falta de políticas de datos abiertos en el Distrito de Ciencia, Tecnología e Innovación profundiza desigualdades estructurales; que el conocimiento local es indispensable para dar sentido a las tecnologías de mapeo; y que los mapas son dinámicos, como los territorios que representan. Asimismo, demostró que los datos participativos brindan solidez técnica a las organizaciones sociales, orientan la autogestión del territorio y disputan los discursos oficiales basados en cartografías incompletas. Aunque los voluntarios remotos aportan al proceso, su limitación radica en el desconocimiento real del territorio, lo que refuerza la centralidad de los saberes comunitarios. Los mapeos realizados fortalecen sistemas locales de prevención de riesgo, tradicionalmente reactivos, y abren la posibilidad de dar continuidad al proceso de la Escuela de Mapeo de Laderas como un programa permanente y replicable en Medellín y otras ciudades latinoamericanas.
Abstract
Keywords: participatory mapping, risk management, territorial justice, open data, memory, Medellín.
The Medellín Hillsides Mapping School (2023–2025), led by the Center for Studies on Populations, Mobilizations, and Territories (POMOTE) of the Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) in partnership with the Humanitarian OpenStreetMap Team (HOT) for Latin America and the Caribbean, consolidated a pioneering participatory cartography process in historically marginalized neighborhoods of Medellín. Through community walks, training cycles with grassroots organizations, and the use of open tools, maps were produced that strengthened collective memory, identity, and the political advocacy capacity of hillside communities. The project revealed that the lack of open data policies within the District of Science, Technology, and Innovation deepens structural inequalities; that local knowledge is essential to give meaning to mapping technologies; and that maps are dynamic, just like the territories they represent. It also demonstrated that participatory data provide technical robustness to social organizations, guide territorial self-management, and contest official discourses based on incomplete cartographies. While remote volunteers contribute to the process, their limitation lies in the lack of real knowledge of the territory, which underscores the centrality of community knowledge. The participatory maps created strengthen local risk prevention systems, traditionally reactive, and open the possibility of institutionalizing the School as a permanent and replicable program in Medellín and other Latin American cities.
La iniciativa Escuela de Mapeo en gestión del riesgo y adaptación al cambio climático en barrios de ladera de Medellín (2023–2025)

La Escuela surge en un contexto de profunda desigualdad estructural. En Medellín más de 233.000 familias carecen de vivienda digna y muchos barrios de las laderas oriental y occidental de la ciudad siguen sin reconocimiento oficial. Estos barrios han sido autoconstruidos en su gran mayoría por personas que han sufrido el desplazamiento forzado y que son víctimas del conflicto armado. La falta histórica de servicios públicos y estigmatización han sido una constante en la historia de estos territorios: el Plan de Ordenamiento Territorial cataloga los asentamientos informales como “focos de violencia urbana”, proponiendo su erradicación. Frente a ello, el proyecto de mapeo promueve la visibilización participativa de estos territorios excluidos, reconociendo sus memorias e identidades desde adentro.
El curso-taller inicial en 2023 formó a líderes y colectivos de laderas en herramientas libres (OpenStreetMap, UMap, Organic Maps, ChatMap, etc.), con un enfoque dialógico. El énfasis de los primeros ciclos de formación fue el diálogo de saberes sobre el conocimiento de los territorios: las organizaciones aportaron sus conocimientos y experiencias territoriales, y las ejercicios de mapeo resultantes potenciaron el reconocimiento de sus saberes locales. Este proceso permitió plasmar en los mapas la identidad y la memoria de las comunidades; tal como reporta la Escuela, las aplicaciones OSM “permitieron a los procesos participantes plasmar en los mapas… la identidad y la memoria de sus comunidades, como una manera de luchar por el derecho al territorio y a la vida digna” (Pomote, 2023). Así, los mapas se convierten en documentos vivos, dinámicos y cargados de significado comunitario, más que meros gráficos estáticos.
En la práctica de campo, la observación directa en los barrios de ladera evidenció la importancia del conocimiento local. Los recorridos mostraron obstáculos para el mapeo remoto: construcciones superpuestas, callejones ocultos, direcciones informales y puentes precarios “que hacen de estas zonas complicadas de mapear en forma remota”. Para superarlo, los vecinos aportaron narrativas esenciales: explicaron cómo se fundaron sus barrios, la crónica de la violencia paramilitar y el microtráfico, la falta histórica de servicios y las oleadas de desastres naturales, así como las respuestas solidarias de la comunidad. Las interacciones generadas desde la escuela con los actores comunitarios reafirman que el conocimiento local da sentido al uso de las herramientas digitales: los datos geográficos sin el relato comunitario carecen de sustancia. Los mapeos participaron en la consolidación de una memoria colectiva del territorio que refuerza la identidad vecinal y legitima sus reivindicaciones políticas.
Los datos recogidos por mapeadores locales sirven además para fortalecer la autogestión territorial y la prevención de riesgos. Los proyectos de mapeo realizados permitieron identificar viviendas precarias, riesgos de desbordamiento de quebradas, basureros, inestabilidad de suelos, zonas de deslizamientos y otras variables de riesgo. Estos datos ya se encuentran en OpenStreetMap junto con los polígonos y capas base de viviendas y caminos de los barrios de ladera, y pueden ser usados para la activación de alertas tempranas comunitarias. El uso de herramientas de mapeo representa para los actores comunitarios que han participado de la Escuela una alternativa efectiva para el monitoreo, la generación de alertas tempranas y el fortalecimiento de estrategias comunitarias para la gestión del riesgo. Esto permite pasar de una gestión reactiva de emergencias a una visión preventiva articulada con la comunidad. El proceso formativo le ha permitido a las organizaciones participantes hacer un uso efectivo de herramientas de mapeo de escritorio y herramientas móviles, animándoles a incorporar el mapeo digital en sus planes de trabajo y agendas territoriales, aumentando su autonomía metodológica.
La cartografía comunitaria generada en estos talleres también disputa el discurso oficial sobre el territorio. Mientras las instituciones públicas históricamente invisibilizan las laderas, el trabajo de la Escuela reivindica estos espacios como territorios vivos con valiosos saberes locales. Los mapas inclusivos elaborados por las comunidades refutan la etiqueta de “irregulares” y legitiman la presencia de todos los barrios, reconocen plazas, canchas, escuelas y otras infraestructuras locales que los planes oficiales suelen omitir. Todo este trabajo constituye un aporte significativo en la reivindicación del derecho a la ciudad y el territorio. En este sentido, la cartografía comunitaria debe ser valorada como un saber riguroso y legítimo, tan válido como cualquier estudio técnico, pues es fruto directo de la experiencia colectiva y del conocimiento profundo que tienen las comunidades sobre sus propios territorios.
En el desarrollo de la Escuela de Mapeo, se han realizado 7 proyectos de mapeo de los barrios de Ladera Oriental (Altos de la Torre, El Faro, 13 de Noviembre, Franja del Borde Noroccidental, y Granizal) y en la Ladera Occidental (La Loma y la Divisa). Todos estos proyectos se publicaron con llamado a la participación de voluntarios de la comunidad de OSM para contribuir con dedicación de horas al mapeo en Tasking Manager, lo que ha representado un aporte significativo que supera los 200 voluntarios mapeando laderas de Medellín. Si bien esta colaboración ha sido significativa, el proceso ha evidenciado que el mapeo remoto de barrios de laderas tiene limitaciones evidentes. Sin conocimiento del tejido social y físico de las laderas, las personas externas no logran identificar correctamente las complejidades del espacio. El acompañamiento in situ es insustituible para contextualizar los datos. Por eso, uno de los hallazgos fue que el mapeo colaborativo es más efectivo cuando comunidades y técnicos trabajan mano a mano, en lugar de depender únicamente de las labores de mapeo remoto.Los logros generados por la Escuela de Mapeo en términos de producción de datos cartográficos de los territorios de laderas, la apropiación efectiva que hacen los actores comunitarios de las herramientas abiertas de mapeo y el uso estratégico que están teniendo los mapas para fortalecer iniciativas comunitarias de prevención del riesgo, desarrollo de censos comunitarios, respaldo con los datos a procesos de demandas para la restitución de derechos y el despliegue de argumentos técnicos para la vinculación de los barrios de ladera al Plan de Ordenamiento Territorial hacen indispensable la continuidad del proyecto.
Lecciones aprendidas

Las políticas de datos abiertos son clave para la equidad. En Medellín existe un portal de datos abiertos municipal, pero “no cuenta con amplia apropiación” por parte de las entidades públicas ni con la publicación de información por defecto. Esto significa que muchas realidades locales no se reflejan en los sistemas oficiales. Su ausencia profundiza la desigualdad estructural: sin datos públicos accesibles, los barrios populares quedan invisibilizados ante la planeación urbana.
Los mapeos comunitarios reactivan la memoria e identidad locales. Al transformar relatos colectivos en puntos y líneas georreferenciadas, los datos de mapeo ponen en primer plano la historia vivida de las laderas. Los mapas construidos reflejaron cómo surgieron los barrios, sus luchas sociales y sus espacios de encuentro. Así, las comunidades han usado los mapas para reclamar “el derecho a la memoria, la identidad y el reconocimiento de la dignidad” de sus territorios. Los datos geográficos, entonces, se convierten en activadores de identidad y herramientas de incidencia política con actores locales.
El conocimiento local da sentido a las herramientas técnicas. Sin la participación de los pobladores, las aplicaciones de mapeo pierden contexto. Los habitantes conocen qué puntos son relevantes, cómo se llaman las calles informales y dónde hay riesgos ocultos. Este saber local nutre la precisión del mapa y evita errores que cometerían los voluntarios remotos. Como destaca el proyecto, el enfoque de “diálogo de saberes” permitió integrar la experiencia y los saberes de las comunidades en cada mapa. Las metodologías deben por tanto partir de los problemas y las lógicas comunitarias, no al revés.
Los mapas son dinámicos como los territorios. Cada jornada de campo actualizó el mapa con información nueva (infraestructura, iniciativas comunitarias, alertas de riesgo), demostrando que los mapas nunca deben verse como productos terminados. La Escuela ha insistido en mantener los mapas abiertos y actualizados en plataformas colaborativas (OpenStreetMap), de modo que reflejen las continuas transformaciones sociales y físicas de las laderas.
Los datos participativos fortalecen a las organizaciones sociales. Aprender a mapear técnicamente ha ampliado las capacidades de gestión de los colectivos locales. Ahora incorporan rutinariamente recursos cartográficos en su planeación comunitaria y creación de alertas tempranas. El proceso ha incentivado la cooperación entre organizaciones, generando agendas conjuntas de autogestión. En palabras de los coordinadores de la Escuela: “la participación en el mapeo “fortalece el tejido colaborativo” y construye indicadores comunitarios de buen vivir”.
Cartografía comunitaria vs. discurso oficial. El trabajo conjunto ha demostrado cómo la cartografía social disputa la versión institucional del territorio. Los mapas colectivos incluyen barrios y sitios omitidos por los planes oficiales, cuestionando la narrativa de las autoridades. Mientras el POT propone eliminar ciertos asentamientos de las representaciones cartográficas, los mapas comunitarios los legitiman. Reivindicar la cartografía participativa implica reconocerla como un saber riguroso, producido desde las propias comunidades, y fundamental para defender sus derechos territoriales.
El voluntariado remoto es útil pero limitado. La Escuela comprobó que los mapeadores externos pueden complementar el trabajo en terreno (por ejemplo, ayudando a digitalizar información), pero no pueden reemplazar el conocimiento local. La complejidad urbana de las laderas exige la presencia de los pobladores en cada recorrido. En consecuencia, la estrategia óptima combina asistentes técnicos externos con residentes: de esta forma, los voluntarios remotos se capacitan “en el terreno” gracias a la guía de los líderes comunitarios.
El mapeo fortalece la prevención del riesgo. Los mapas generados alimentan sistemas de monitoreo comunitario. A diferencia de los mecanismos oficiales actuales —que reaccionan una vez ocurre un desastre—, la información cartográfica puede alimentar modelos de alerta temprana con anticipación. Por ejemplo, al señalar colectores obstruidos, sectores con invasión de quebradas o ausencia de obras de contención, las comunidades disponen de datos para exigir intervenciones preventivas. Este giro hacia la prevención es una lección clave: los mapas no solo documentan el riesgo, sino que orientan estrategias proactivas de mitigación.
La proyección de la Escuela de Mapeo de Laderas
El proceso dejó claro que la Escuela tiene potencial de continuidad siempre y cuando se consolide el apoyo institucional y comunitario. Las instituciones aliadas en el proyecto (UN UNAULA-HOT han formulado y cogestionado un proyecto de continuidad que permitirá llevar la escuela de mapeo a nuevos barrios y extender el proceso a territorios de corregimientos de Medellín. En el último ciclo de socialización de resultados, se han activado importantes canales de diálogo que fortalecerán la colaboración el Centro de Estudios POMOTE e instituciones públicas del distrito encargadas de la planeación territorial y la producción de datos cartográficos, lo que permite que la Escuela avance en el mayor impacto esperado: generar procesos colaborativos entre la institucionalidad y las comunidades que fortalezcan la producción de datos abiertos de los barrios de ladera y aporten a la inclusión de estos territorios en el ordenamiento territorial. Aún falta avanzar en la generación de alianzas estables con la Unidad de Gestión del Riesgo, fortalecer los procesos de gestión que aseguren el financiamiento y la sostenibilidad de la escuela a largo plazo y fortalecer procesos de formación a formadores que garanticen que los conocimientos se multipliquen y que sean cada vez más las comunidades mapeadoras en barrios de ladera, pero las agendas de continuidad planteadas se centran en estos retos.
La Escuela de Mapeo de Laderas seguirá generando procesos de formación en diálogo de saberes, acompañando a los territorios, potenciando el uso de tecnologías libres para potenciar el mapeo participativo como camino para la autogestión y la justicia espacial, construyendo un futuro más incluyente para las comunidades de ladera.
Bibliografía
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- Centro de Estudios POMOTE – Unaula. (2024, 14 de agosto). Inició la Escuela de mapeo de iniciativas de gestión del riesgo y adaptación al cambio climático en laderas de Medellín. Recuperado de https://pomotecestudios.unaula.edu.co/2024/08/14/inicio-las-segunda-fase-del-proyecto-escuela-de-mapeo-de-iniciativas-de-gestion-del-riesgo-y-adaptacion-al-cambio-climatico-en-laderas-de-medellin/
- Centro de Estudios POMOTE – Unaula. (s.f.). Presentación del proyecto de mapeo de poblaciones, movilizaciones y territorios. Recuperado de https://pomotecestudios.unaula.edu.co/mapeo-poblaciones/el-proyecto-de-mapeo/
- Resilient Cities Network. (2024). Recomendaciones de acciones para la resiliencia y sostenibilidad en Medellín. Recuperado de https://resilientcitiesnetwork.org/ (Informe estratégico).