En las empinadas laderas de Medellín, las viviendas precarias y los senderos informales son parte del paisaje. Estos barrios periféricos han vivido marginados de los mapas oficiales, lo que dificulta su visibilización ante riesgos como deslizamientos o inundaciones. En este contexto surge Cartografía en Movimiento: Experiencias de mapeo participativo para la gestión del riesgo y la justicia territorial, una nueva publicación coordinada por Leonardo Jiménez García y el equipo de POMOTE (UNAULA) en alianza con el Hub de Mapeo Abierto de HOT para América Latina. El libro reúne relatos y metodologías de proyectos con comunidades de ladera, cuyo objetivo es empoderar a los vecinos para trazar colectivamente la memoria, el riesgo y las esperanzas de sus territorios. Al transformar la cartografía en un acto político y colectivo, estas iniciativas reivindican que el territorio no es un dato neutral, sino una construcción sociocultural que puede leerse desde la memoria y los saberes locales.
Contexto y objetivos del libro
La publicación aparece en un momento clave: los fenómenos climáticos extremos y la expansión urbana han puesto a prueba la resiliencia de muchas poblaciones en América Latina. En particular, las comunidades de las “laderas” (barrios de montaña) de Medellín enfrentan riesgos socionaturales (deslizamientos, quebradas desbordadas, precariedad de servicios) exacerbados por la falta de atención estatal. Cartografía en Movimiento documenta cómo proyectos de mapeo participativo han servido para contrarrestar esta invisibilidad. El libro recoge testimonios de líderes comunitarios, educadores populares y técnicos que trabajaron codo a codo con las personas de la comunidad para identificar casas, vías, quebradas y puntos críticos. El fin es doble: por un lado, generar datos abiertos sobre vulnerabilidades y recursos locales; por otro, fortalecer la lucha de las poblaciones por sus derechos: como ilustran los autores, el mapeo permitió “plasmar en los mapas la identidad y la memoria de sus comunidades, como una manera de luchar por el derecho al territorio y a la vida digna”. En suma, el libro intenta ofrecer herramientas concretas para la gestión del riesgo, la planificación comunitaria y la justicia territorial, entendida como el reconocimiento de los derechos de las personas a un territorio seguro y digno.
Cartografía social crítica: un enfoque metodológico
La propuesta metodológica central es la cartografía social crítica, un enfoque inspirado en la investigación-acción participativa y la pedagogía popular. A diferencia de la cartografía convencional (técnica y positivista), la cartografía social parte de los saberes de la comunidad para narrar el territorio desde múltiples perspectivas (cuerpo, memoria, conflicto). En este sentido, mapear es un acto político de reclamación del territorio, donde no existe una “verdad” única, sino múltiples lecturas subjetivas. El proceso se realiza de manera horizontal: investigadores, educadores y vecinos trabajan juntos, compartiendo herramientas digitales (apps y software de código abierto) con conocimientos locales. Por ejemplo, los propios habitantes dibujan croquis, relatan historias y contrastan sus visiones del barrio. El resultado no es solo un plano geográfico, sino un dispositivo de memoria colectiva. De esta forma, la cartografía social rompe con lecturas homogeneizantes; cada mapa refleja los conflictos, las aspiraciones y las resistencias de la comunidad. Como señalan los textos de POMOTE, esta metodología genera “cartas de navegación” que ayudan a entender y reivindicar el espacio vivido. En síntesis, al enseñar a leer el territorio críticamente, la cartografía social se alinea con la justicia territorial: permite que comunidades marginadas cuestionen los modelos urbanísticos impuestos y visibilicen sus demandas.
La Escuela de Mapeo de Laderas: un caso emblemático en Medellín
La experiencia más destacada narrada en el libro es la “Escuela de Mapeo de Iniciativas de Gestión del Riesgo en Laderas de Medellín”, fruto de la alianza entre POMOTE y HOT LAC desde 2023. Este proyecto piloto ha convocado a organizaciones comunitarias de barrios de ladera (como Mesa de Vivienda y Hábitat, Ciudad en Movimiento y colectivos locales de San Antonio de Prado) para capacitarlas en mapeo digital libre. En una primera fase (2023), se impartieron cursos básicos de OpenStreetMap y sus aplicaciones móviles (uMap, Organic Map, StreetComplete) para que los participantes aprendieran a trazar su territorio en línea. A partir de allí, en la segunda fase (2024-2025) se realizan acompañamientos en campo: técnicos del Hub de Mapeo Abierto visitan barrio por barrio, apoyando a los vecinos en la recolección de datos georreferenciados.
Durante estos recorridos, las comunidades han identificado colectivamente factores críticos de riesgo (casas precarias, proximidad a quebradas, caminos en mal estado, acumulación de basuras). Al mismo tiempo, mapean las estrategias vecinales de prevención (puntos de encuentro comunales, rutas de evacuación, huertos comunitarios, etc.). Toda esta información se integra al mapa libre de OpenStreetMap, incorporando más de 120 barrios de ladera que antes no figuraban en el plano oficial de Medellín. En palabras de los organizadores, el objetivo es que la cartografía recoja “la identidad y la memoria” de las comunidades para defender el derecho al territorio y a la vida digna. La participación activa de los propios habitantes garantiza que cada mapa sea un reflejo fiel de sus prioridades: así se aprenden las calles y veredas no oficiales y se documentan recursos comunitarios ignorados, dotando de legitimidad social a los datos recolectados.
Tecnologías libres y aprendizajes comunitarios
Un aspecto clave del proyecto fue el uso de tecnologías libres y accesibles. Los mapeadores emplearon herramientas gratuitas como OpenStreetMap (y aplicaciones móviles asociadas) para trazar calles y edificios; uMap para crear mapas temáticos; StreetComplete para señalar rápidamente problemas urbanos; e incluso innovaciones locales como ChatMap, que permite enviar ubicaciones por WhatsApp y generar mapas automáticos.Gracias a estas aplicaciones, cualquier vecino con un teléfono puede agregar un punto de interés o reportar un daño en tiempo real. Por ejemplo, con ChatMap bastó con enviar fotos o descripciones vía WhatsApp para que se plasmaran sobre el mapa colectivos de puntos críticos.
Los resultados de estos talleres no sólo son mapas: son lecciones vivas. En los cursos previos (junio-noviembre 2023) participaron 18 grupos sociales de Medellín (organizaciones barriales, semilleros universitarios, dependencias de la Alcaldía)
Según los informes del proyecto, los participantes “aprendieron sobre metodologías de cartografía social y el uso de herramientas para el mapeo libre y participativo”. Cada proyecto de mapeo comunitario realizado (desde circuitos de arte urbano hasta mapeo de residuos) dejó una “importante lectura sobre procesos e iniciativas” en temas de participación, construcción de paz, cuidado ambiental, derechos humanos y tejido social. En resumen, la Escuela de Mapeo fortaleció capacidades locales: las comunidades aprendieron a usar la tecnología a su favor, y al mismo tiempo los técnicos aprendieron de la experiencia de los vecinos. Como explica POMOTE, la interacción horizontal permite obtener “un conocimiento integral entendiendo todas las variables” del territorio, construyendo así “cartas de navegación” colectivas.
Relevancia regional y redes colaborativas
Aunque la Escuela es un caso focal en Medellín, sus aprendizajes trascienden la ciudad. El libro lo sitúa dentro de una red regional de mapeo abierto, liderada por HOT en América Latina y conformada por organizaciones similares. Desde 2023, el Hub de Mapeo Abierto ha replicado talleres en otras ciudades andinas y amazónicas, promoviendo el uso de datos abiertos en planificación urbana.La alianza HOT–POMOTE ha servido como modelo: por ejemplo, en marzo de 2024 se celebró un mapathon durante el Día del Dato Abierto (Open Data Day) en Medellín, donde mapeadores voluntarios y líderes de la comuna 8 (Altos de la Torre, 13 de Noviembre, El Pacífico) trabajaron juntos para registrar viviendas, senderos y centros comunitarios desconocidos. Esta actividad no sólo incorporó información local al mapa global, sino que también sumó voluntades de la sociedad civil.
En el panorama latinoamericano, «Cartografía en Movimiento» se presenta como un aporte valioso a la Red de Mapeo Abierto. Al documentar un caso concreto, facilita el intercambio de métodos con experiencias afines en otros países (por ejemplo, mapeos de cuencas, de pueblos originarios o de asentamientos en la Amazonía). De ese modo, fortalece la comunidad de práctica internacional: los datos generados se comparten en plataformas abiertas y las historias del libro inspiran a activistas y mapeadores de la región. Así, esta publicación refrenda la cartografía participativa como “un bien común al servicio de las comunidades” urbanas y rurales, sumando el capítulo de Medellín a un movimiento global de “mapeo ciudadano”.
Un libro para movimientos sociales, educadores y gestores
Cartografía en Movimiento no es un texto académico distante: está pensado como una guía práctica y accesible para distintos públicos. Por ello, el libro puede servir de herramienta a:
- Movimientos y organizaciones sociales (barrios, campesinos, estudiantes) que necesitan datos concretos para sus luchas territoriales y ambientales.
- Educadores populares y facilitadores comunitarios, interesados en metodologías participativas de enseñanza, quienes hallarán ejemplos pedagógicos de cómo involucrar a niños y adultos en el mapeo de su entorno.
- Colectivos ambientales y de gestión del riesgo, que podrán adaptar los ejercicios de campo descritos para monitorear inundaciones, deslizamientos u otras amenazas locales.
- Tomadores de decisión y planificadores urbanos, quienes pueden inspirarse en estos modelos para incorporar la voz comunitaria en procesos de planificación, ordenamiento o emergencias.
La diversidad de lectores queda asegurada por el tono claro y respetuoso del libro: en lugar de jerga técnica, se narran relatos de campo, ejercicios prácticos y reflexiones colectivas. El volumen reivindica los saberes locales y apela a la experiencia directa, convirtiéndose así en un puente entre la academia y las prácticas populares. En palabras de sus autores, quiere “fortalecer las capacidades metodológicas, narrativas y de articulación” de quienes luchan por una ciudad más justa.
Finalmente, la publicación cierra con citas inspiradoras de participantes que resumen su espíritu transformador. Como un poblador de la ladera sintetizó en un taller, el mapa se revela “tanto la base como la herramienta que permita a las propias comunidades construir un futuro mejor para sí mismas”. Esa idea empodera el texto: cada lector es invitado a tomar el pincel cartográfico y trazar su propio camino hacia la justicia territorial.
“(…) plasmar en los mapas la identidad y la memoria de las comunidades, como una manera de luchar por el derecho al territorio y a la vida digna”.
Hoy más que nunca, este libro es una invitación abierta: ¡léelo, apropíalo y compártelo! Que Cartografía en Movimiento se convierta en un recurso vivo en manos de las comunidades y colectivos que construyen, paso a paso, un futuro colectivo más seguro y equitativo.
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Fuentes: Información tomada de comunicaciones y publicaciones de POMOTE (Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios), del Hub de Mapeo Abierto de HOT para América Latina y el Caribe, y de reportajes a proyectos de mapeo comunitario en Medellín. Los ejemplos citados reflejan los contenidos y testimonios recopilados en el libro Cartografía en Movimiento.